Correspondencia entre Enrique Lihn y Héctor Libertella (1982)




miércoles 29. 82

Caro Héctor: recibí ayer tu carta y la extravié, según parece entre Marcel Duhaut (la casa materna) y mi propio domicilio –prefiero recibir la correspondencia edípicamente: casi nunca estoy en mi propia “casa” y vivo más que solo, poco menos que abandonado por el otro reino de las madres emisarias, un par de veces a la semana– todo medio depre, como se comprende. Celebro, pues, tu decisión o vuestra decisión de convertirte en un patriarca y ojalá eso les dure todo lo que puede durar lo que dura. A los 53 años soy una triste mezcla de solterón y picaflor; para no introducir variación mayor en el modelito, me “empoté” con una cabra chica, de la edad de mi hija y en esa historia me ha pasado de todo, desde asalto a mano armada o desarmada en mi casa o en la calle, pasando por viajes (a N. York) recortados, hasta la superproducción poética ad hoc (de la que no estoy completamente descontento, hay cosas ahí rescatables, las reviso). Los únicos vicios que he podido abandonar son el alcohol y el cigarrillo, causales de dos momentos en que he creído escuchar la voz de la calva en un ‘upa chalupa’ (infarto en Barcelona, martes trece, enero del 81, consta en mi agenda). Por lo demás estoy bene ma non tanto. Esto es de una cerrazón de pedrusco (prohibido escribir en las cuevas). Estoy tratando –no sé por qué– de sacar una revista; pero la autorización puede demorar meses. Publicar libros en Chile tampoco puedo y en los diarios y revistas hay manipuladores atornillados que cierran la entrada a los sin tribuna, a piedra y lodo. La disidencia es una máquina burocrática, a su vez, a la que hay que entrar con carnet en mano. La literatura no existe. Por todo lo cual respondo a tu invitación editorial con los siguientes proyectos. A) El conjunto de conferencias que dictamos un grupo en 1977 como homenaje a Lezama Lima y sobre él, en el Goethe Institut, convertidas en artículos o ensayos. Los autores somos Adriana Valdés, Carmen Foxley, Cristián Huneeus y yo. Esto podría ser el aporte chileno para una colección independiente –no cubana ni cubanófila o fidelófica– sobre el tema. Los artículos podría mandártelos a la brevedad. B) Un conjunto de mis artículos, algunos de ellos publicados en Vuelta, y prólogos, notas, y C) un libro que pensé en Estados Unidos con el título de Pompier on sale. En español se llamaría Pompier, ejemplo (paradigma) del Arte de la Palabra o como sea. Este es el libro que, obviamente, más me interesa. Algo que combinaría la ficción y la teoría, de E.L. y sobre E.L. Una prolongación de La orquesta [se refiere a la novela La orquesta de cristal, 1976] y del A. de la P.  [se refiere a la novela El arte de la palabra, 1980] que incluya lo que se ha escrito sobre esos textos y páginas de Pompier y de sus amigos. Te incluyo la ponencia de Roberto Hozven –autor de El estructuralismo francés, auténtico discípulo de Barthes, hoy profesor de la Universidad Católica de Washington– para el M.L.A. de diciembre del 81 en Nueva York. Falta a la versión que te envío, la parte ficción del ensayo (carta a Pompier de un personaje de su linaje). Está tu texto sobre la Orquesta y el que preparas sobre la máquina parlante; el artículo de George Yúdice (está en Derechos de Autor) lo traduciría yo enseguida. Tengo un texto de Oscar Hahn, el poeta, “Los efectos de realidad en un cuento de Enrique Lihn”, y “El arte de la palabra, la subversión del relato”, de Juan Carlos Lértora (Skidmore College); el efecto del mismo arte en una autobiografía de Cristián Huneeus, un par de reseñas memorables. En mi idea estos materiales alternarían con un par de fragmentos del arte de la Palabra y de la Orquesta [sic], parte del epistolario de Pompier de los últimos años (Cartas salvadas, Nueva York, en colaboración con Pedro Lastra), un estudio sobre algunos de los sonetos y notas de Pompier en Buenos Aires, 1976, un par de cartas abiertas del propio Pompier sobre temas culturales en el país del apagón; el texto de apostilla que figura en el A. de la P. y la conferencia sobre mis novelas con que se inicia Derechos de Autor, más una reseña o autoreseña que quedó inédita. El libro podría traer un prólogo de Lihn acotado por Pompier o etc [sic]. También un capítulo de Conversaciones con Enrique Lihn de Pedro Lastra, un libro que publicó la Universidad de Veracruz en 1980. Hacer leer un libro de verdaderos ensayos como una novela, como parte de un happening o algo por el estilo, ¿qué te parece? Engranar la sofísticación, la sofistiquez y la chabacanería, huevos de un mismo canasto, darse o pegarse esa farra. Dos o tres de estos proyectos pueden ser compatibles y pueden surgir otros de la Asamblea General de la Sociedad de Bombo Mutuo, algo de lo que planeamos en los cafecitos de Palermo. Si estuvieran ustedes en Baires ya me habría dado una tercera vuelta por esa ciudad, pero México es inaccesible para un pasaporte chileno; ojalá sea, pues, en N. York que “tiene sus cositas” y en los próximos meses, no para las calendas griegas. Cariños a Tamara, su libro me llena de expectación, un abrazo de

Enrique Lihn



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