Sobre el antiestructuralismo de José Miguel Ibáñez Langlois [por Enrique Lihn]



En correspondencia con Pedro Lastra fechada el 31 de agosto de 1983, Enrique Lihn alude al maquillaje que la prensa y la crítica de la dictadura hacen en torno a la situación de empobrecimiento cultural de Chile, procurando mostrar en los medios y ante el mundo, una simulada apertura y posibilidad de disenso: “una respuesta de Valente no sería improbable ni un diálogo en este simulacro verdadero de aperturismo que se escenifica en Chile” (Lihn, Querido, p. 82). Lihn al utilizar el término simulacro, puede remitirnos a las ideas que Jean Baudrillard expone en Cultura y simulacro (1978) o El intercambio simbólico y la muerte (1980). El simulacro apunta a la escenificación y seducción que ejerce el poder, valiéndose del engaño. Esto es crucial para entender el contexto de producción de las novelas de Lihn y su obra a partir de 1973, pues su comentario inicia con la figura de Valente (José Miguel Ibáñez Langlois) crítico, cura Opus Dei y figura conflictiva que como Alone, a través de las notas culturales de El Mercurio, tuvo el rol de sepultar trayectorias literarias y legitimar voces sin oposición. Roberto Bolaño utiliza la figura de Valente para crear al protagonista de Nocturno de Chile (2000) el cura Ibacache que da clases de Marxismo a Augusto Pinochet. Jean Baudrillard respecto al simulacro dice: “Después de Maquiavelo los políticos quizás han sabido siempre que el dominio de un espacio simulado está en la base del poder, que la política no es una función, un territorio o un espacio real, sino un modelo de simulación cuyos actos manifiestos no son más que el efecto realizado” (p. 33).

El libro que compartimos a continuación contiene una respuesta de Lihn a Valente. En este opúsculo autoeditado, Lihn arremete en contra de la figura del crítico único y realiza una lectura lúcida de la visión documentalista e instrumental que presenta la narrativa chilena, al buscar crear la gran novela de la dictadura, a su vez dispara contra la crítica impresionista que dominaba los medios oficiales y que fue un marco de censura para muchas obras, incluida las tres novelas del autor de La pieza oscura.

Si se quiere profundizar en esta materia, recomiendo leer el artículo "Crítica de la crítica no crítica. Lectura política de la defensa del estructuralismo de Enrique Lihn", publicado en Derecho y Humanidades" por Alejandro Fielbaum. En su texto Fielbaum puntualiza en un error cometido por gran parte de la crítica del autor, al no poner a dialogar al Lihn creador con el Lihn crítico. 
Enrique Lihn desarrolló un complejo pensamiento reflexivo en torno al arte, que encontramos en sus entrevistas y ensayos recopilados en El circo en llamas, Derechos de autor y Textos sobre arte. Alejandro Fielbaum en su texto “Crítica de la crítica no crítica. Lectura política de la defensa del estructuralismo de Enrique Lihn” señala con severidad:

Que los intérpretes de Lihn hayan prestado tan poca atención a sus trabajos al respecto (se refiera a la crítica y sus ensayos) resulta, por cierto, singularmente sintomático una reiterada forma de interpretar la literatura latinoamericana desde el pensamiento europeo, sin preguntarse por las ideas circundantes en la teoría y la crítica latinoamericana. La torpeza de ese gesto es tanto más evidente cuando el mismo Lihn es uno de los primeros autores que comienza, en Chile, a escribir crítica literaria valiéndose de los autores con los que la posterior crítica leerá su poesía sin su ensayística, esa que abrió posibilidades para que se lo pudiese leer de esa manera (Fielbaum, p. 280).

 Alejandro Fielbaum, junto a Pedro Lastra y Edgar O´Hara, es uno de los pocos investigadores que ha señalado con acierto, el error de no atender a la voz crítica de un autor cuyo proyecto escritural tiene una base autorreflexiva. Críticos de la poesía de Lihn y unos pocos que han atendido a su narrativa y a su trabajo como comentarista de textos, prologuista y gran conversador, optando por enfocarse más bien en la bibliografía que Lihn utilizaba para sus estudios y comentarios de textos, por eso las numerosas aproximaciones a su escritura, desde la óptica de Roland Barthes, Maurice Blanchot, Jacques Derrida y Roman Jakobson, en lugar de remitirse a la teoría filtrada por la propia reflexión crítica e inventiva del autor. 
Sobre el antiestructuralismo de José Miguel Ibáñez Langlois es un documento híbrido y valioso que nos muestra las preocupaciones teóricas de un autor intermedial y poligenérico que siempre tuvo en primer plano la reflexión sobre el lenguaje y el oficio de la escritura a la manera de Paul Valery.

Enrique Lihn confiesa en reiteradas entrevistas y en los análisis que hace en torno a su propio obra, pensamos en textos como: "Entretelones técnicos de mis novelas" o el libro Derecho de autor, el carácter técnico de la escritura, la despersonalización del oficio y la importancia que tiene una productividad consciente: 

Paul Valery, que hizo de la poesía una forma de pensamiento o viceversa, poesía pensable que debía rendir virtualmente cuenta de sus operaciones, decía preferir un solo verso consciente a un diluvio de palabras inspiradas. En nuestro medio, Vicente Huidobro patentó "una poesía escéptica y consciente de sí misma". Parece ser que los poetas han sido, en la historia de la literatura, los pioneros de una consciencia literaria como conciencia productiva que la literatura tiene de sí misma (Lihn, Circo, p. 571).

Daniel Rojas Pachas
Escritor y editor





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